DECÁLOGO DE LA FLÂNEUSE
Ver
construirse el tiempo
Chantal Maillard
Flâneuses… su
papel en cuanto observadoras, poetas y,
sobre todo, ensayistas de la ciudad (…) reivindicar la
flâneuse puede ser la manera de denunciar las falacias
que hacen del espacio urbano la más férrea plasmación
del orden social, cultural, político y económico.
Anna Maria Iglesia
Juramento inicial. Por mis
antepasadas, no aceptaré más límites, cancelas en umbrales ni candados. Haré mi
ciudad mía, mi laberinto al sol, mi casa grande. Los dedos de los pies sonríen
al bajar de la acera. Primero de flâneuse: salir sin móvil. Curar
la nomofobia.
Descubrir el placer de no
comprar. Tres excepciones: zapatos de andariega con su nube interior. Un
libro de flâneuse para leer en bancos, terrazas, céspedes o
pretiles. Santificarás al sol sobre las páginas bendecidas y abiertas. Y la
moneda para el músico y la música que embellecen las calles. ¿Son los nuevos
altares? ¿Oyes cómo esa flauta te facilita claves de vuelo figurado sobre las
palmeras?
Salvar tus librerías y amar a tus
libreros y libreras. Es tu pagana misa semanal: pecado es muy mortal no entrar
en ellas. Recordar: el Antihéroe de la nueva flâneuse es aquel
Magistral de La Regenta, que mira posesivo la ciudad desde una
torre alta, avariciosa, inmóvil.
Deambularás. Harás las calles.
Preguntarás el nombre de los árboles o los bautizarás si se hallan huérfanos.
Preguntarás los sueños a los viejos artistas rotulados en lápidas. Y los
saludarás: ¿tu compañera?
Amarás una lentitud nueva cada
día. Te detendrás a leer la irrepetible escritura de esa frase fucsia de la
buganvilla. Te dejo andar, olfato, a ver qué encuentras. Volad, oídos míos,
traed ruidos y músicas. Coleccionarás olores diferentes del mar y de las
plazas. Los irás bautizando. Oh, lexicografía nueva de la flâneuse.
Métodos de paseo: probar los
autobuses hacia ninguna parte. Las últimas paradas de las líneas, allí donde se
vuelca del plato la miseria. Periferias: bodegas, lecherías, colmenas. Comer
fruta llegada de esos huertos cercanos.
Hablarás con una anciana en los
días impares. Hablarás con un anciano en los días no impares. Que fluyan sus
memorias. Hallarás, como gemas, palabras para tu colección, palabras que jamás
estrenaste en tu boca. Qué sabrosas las palabras rodadoras, rodantes,
confitadas en tiempo. Será como pescar en plena calle peces secretos, caracolas
envueltas en algas, restos de buques, escamas de sirenas
¿Tertulias, foros, clubs, ágoras
vivas, ateneos? ¿Micromuseos vacíos, amigos de la música, patios frescos,
talleres de escultoras, tabladillos, verbenas diminutas, títeres y minúsculos
teatros? Con una condición: no aparezcan en las sumisas guías.
Los cementerios narran el
temperamento arcano de la polis. No desdeñes sus voces. Poemas
semiescritos en las tumbas que tú completarás. Plagia a Banksy, deja en
aquellas tapias tu grafiti.
Y si te invade el ansia de la
fotografía, hazla con tus palabras: regresa con un haiku y cuélgalo en el vaho
del espejo. Ciudad, aforo libre. Espigarla a lo Varda. Buscar lo
infraordinario de Perec. Reavivar los fuegos a lo Woolf. Olvidar los decálogos.
De: Gavieras
Aurora Luque

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