“La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.”

(ALDO PELLEGRINI)

sábado, 17 de enero de 2026

Decálogo de la flâneuse: Aurora Luque

 


DECÁLOGO DE LA FLÂNEUSE

Ver construirse el tiempo
Chantal Maillard

Flâneuses… su papel en cuanto observadoras, poetas y,
sobre todo, ensayistas de la ciudad (…) reivindicar la
flâneuse puede ser la manera de denunciar las falacias
que hacen del espacio urbano la más férrea plasmación
del orden social, cultural, político y económico.

Anna Maria Iglesia


Juramento inicial. Por mis antepasadas, no aceptaré más límites, cancelas en umbrales ni candados. Haré mi ciudad mía, mi laberinto al sol, mi casa grande. Los dedos de los pies sonríen al bajar de la acera. Primero de flâneuse: salir sin móvil. Curar la nomofobia.

Descubrir el placer de no comprar. Tres excepciones: zapatos de andariega con su nube interior. Un libro de flâneuse para leer en bancos, terrazas, céspedes o pretiles. Santificarás al sol sobre las páginas bendecidas y abiertas. Y la moneda para el músico y la música que embellecen las calles. ¿Son los nuevos altares? ¿Oyes cómo esa flauta te facilita claves de vuelo figurado sobre las palmeras?

Salvar tus librerías y amar a tus libreros y libreras. Es tu pagana misa semanal: pecado es muy mortal no entrar en ellas. Recordar: el Antihéroe de la nueva flâneuse es aquel Magistral de La Regenta, que mira posesivo la ciudad desde una torre alta, avariciosa, inmóvil.

Deambularás. Harás las calles. Preguntarás el nombre de los árboles o los bautizarás si se hallan huérfanos. Preguntarás los sueños a los viejos artistas rotulados en lápidas. Y los saludarás: ¿tu compañera?

Amarás una lentitud nueva cada día. Te detendrás a leer la irrepetible escritura de esa frase fucsia de la buganvilla. Te dejo andar, olfato, a ver qué encuentras. Volad, oídos míos, traed ruidos y músicas. Coleccionarás olores diferentes del mar y de las plazas. Los irás bautizando. Oh, lexicografía nueva de la flâneuse.

Métodos de paseo: probar los autobuses hacia ninguna parte. Las últimas paradas de las líneas, allí donde se vuelca del plato la miseria. Periferias: bodegas, lecherías, colmenas. Comer fruta llegada de esos huertos cercanos.

Hablarás con una anciana en los días impares. Hablarás con un anciano en los días no impares. Que fluyan sus memorias. Hallarás, como gemas, palabras para tu colección, palabras que jamás estrenaste en tu boca. Qué sabrosas las palabras rodadoras, rodantes, confitadas en tiempo. Será como pescar en plena calle peces secretos, caracolas envueltas en algas, restos de buques, escamas de sirenas

¿Tertulias, foros, clubs, ágoras vivas, ateneos? ¿Micromuseos vacíos, amigos de la música, patios frescos, talleres de escultoras, tabladillos, verbenas diminutas, títeres y minúsculos teatros? Con una condición: no aparezcan en las sumisas guías.

Los cementerios narran el temperamento arcano de la polis. No desdeñes sus voces. Poemas semiescritos en las tumbas que tú completarás. Plagia a Banksy, deja en aquellas tapias tu grafiti.

Y si te invade el ansia de la fotografía, hazla con tus palabras: regresa con un haiku y cuélgalo en el vaho del espejo. Ciudad, aforo libre. Espigarla a lo Varda. Buscar lo infraordinario de Perec. Reavivar los fuegos a lo Woolf. Olvidar los decálogos.

 


De: Gavieras

Aurora Luque

 


jueves, 1 de enero de 2026

La balanza: Daniel Noya

 


la celestial balanza

de nuestra locura y nuestra cordura

(Sylvia Plath)

 

Ando por un camino que se aleja

hacia un jardín perfumado

de flores artificiales,

por un sendero etéreo de invisible melancolía,

creyendo ver luciérnagas

ahogadas

en su propio firmamento estrellado.

Sólo me sirve si os digo 

que es como una quebrada lejanía,

una deshabitada ausencia, 

tenue,

apagada.

Como si sólo el éxodo

sostuviera mis callados ojos. 

Sólo me sirve amar en el borde del escalofrío,

en el edén de tus brazos

mientras la balanza terrestre oscila entre la aureola

y el páramo,

entre el equilibrio

y la caligrafía de una grieta.

Sólo me sirve la imagen de una fuente arrojando agua

por la boca

para deciros

que así brotan ahora mis palabras en la oscuridad,

en la desmemoria voraz

mientras la balanza celeste ya se inclina

desde la luz hacia la sombra.

 

De: Sin señal

Daniel Noya