“La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.”

(ALDO PELLEGRINI)

domingo, 25 de marzo de 2018

Ese libro no se toca: Daniel Noya

























Ese libro no se toca

-te advertí-

como de una especie de maldición bíblica.





         Y, al poco rato,

así de atractivas son las prohibiciones paternas,

suavemente te acercaste

con una sonrisa inocente,

digna descendiente de Eva,

para ofrecerme el libro prohibido.





         ¿Me lo lees? –dijiste-.





         Y aquí estamos padre e hija

confortablemente sentados,

al calor de esta tarde que así nos une,

juntos en el único paraíso.


De: Cuatro raíces

Daniel Noya



sábado, 24 de marzo de 2018

En verano suena la melodía del corazón: Daniel Noya







En verano suena la melodía del corazón
roto.
Se oye lejana la monótona respiración
de los grillos.
Ya sé que no me esperas.
Sé que hay solitarias arenas donde se posan los pájaros
que han perdido sus alas.
Algo sucede más allá de los cristales
porque enmudece la vida un instante.
La punzante herida de tu ausencia sangra
y no sé de ningún conjuro
que me señale el camino hacia tu verdeante aparición.
Estoy a la sombra,
bajando escalones hacia lo nocturno
y en mi atmósfera irrespirable
un corazón,
mi corazón,
sufre la inquietud del que ha amado
y escribe un último poema de verdadero amor.


De: Órdenes del corazón

Daniel Noya

viernes, 23 de marzo de 2018

Leda y el cisne: W. B. Yeats








LEDA Y EL CISNE

Un golpe repentino; un batir de alas;
Leda vacila; siente la caricia
de manos membranosas –negras alas-
en sus muslos. Un pico con sevicia

muerde su nuca. Un blanco pecho queda
junto al suyo. ¿Pueden los dedos flojos
rechazar el plumón glorioso? Leda
abre los muslos. ¿Pueden sus sonrojos

no sentir en la blanca acometida
los latidos del otro corazón?
Un estremecimiento en los ijares

engendra la muralla derruida,
el incendio espantoso de Ilión,
y Agamenón muerto en sus propios lares.

Presa en aquel momento,
¿sintió Leda en el estrujón violento,
a la par que pujanza, entendimiento?

W. B. Yeats

jueves, 22 de marzo de 2018

La caricia perdida: Alfonsina Storni





La caricia perdida

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al rodar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va,

si no ves esa mano ni la boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de llamar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?


Alfonsina Storni

miércoles, 21 de marzo de 2018

Vida real: Vladimir Holan



 















VIDA REAL

No es que iniciemos un pleito con Dios.
¡Nosotros interferimos en su actividad!
Pues todos nosotros, por desgracia, vemos
sólo lo que resplandece.

Así, prisioneros de nosotros mismos, de nuestro acontecer,
gozamos de la ventaja de unas esposas tintineantes
y no comprendemos ya el juego
como base
y cumbre del universo.

Pero existe la  música

Vladimir Holan


martes, 20 de marzo de 2018

Llueve: Aníbal Núñez





LLUEVE
De la lluvia recojo las palabras
y su insistente tacto sobre el músculo tenso.
Hacia ti me dirijo estatua
hermana.
Mis dedos temblarían sobre tu espalda como
las gotas jubilosas que han encontrado un hombro,
un lugar de escribir o llover
-Laguna acrecentada el corazón-.
Mientras el sol saliera y el céfiro orease.
Lo que queda de tarde, lo que de vida queda,
bebería de mis dedos lo que fue tu dolor.

Primavera soluble

Aníbal Núñez

lunes, 19 de marzo de 2018

Problemas de geografía personal: Luis García Montero







PROBLEMAS DE GEOGRAFÍA PERSONAL

Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación.

Nunca se despedirme de ti, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,
corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte.

Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar.

Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.


Luis García Montero