“La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.”

(ALDO PELLEGRINI)

domingo, 18 de octubre de 2026

Prefiero: Daniel Noya

 

¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, 

y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre» 

o soportar cualquier otra cosa, 

antes que volver a su anterior modo de opinar 

y a aquella vida?  

 (“El mito de la caverna” Platón)


 

Prefiero el olor de la niebla que el sabor

de una lágrima.

 

Prefiero un horizonte

sin gozo

que una prisión

de indiferencia

 

Prefiero una cálida caricia a una pálida promesa.

 

Prefiero estar idílicamente ileso

a estar perdido

en medio de la hojarasca.

 

Prefiero el destierro a la soledad,

las tinieblas a la intemperie.

 

Prefiero el pálpito del misterio a la escarcha

que dejan el paso de los días.

 

Prefiero

ser jornalero en la caligrafía de la luz

que rey

entre las sombras de la noche.

 

De: Sin señal

 

Daniel Noya

domingo, 4 de octubre de 2026

Lejos de tus manos: Daniel Noya

 


“El poeta está llamado a conmover el alma.

 Y no a educar a los idólatras”

(“El espejo”. Andrei Tarkovsky)

 

Lejos de tus manos

como un dios infeliz sin un rastro de pavor

en las pupilas

alejado de los últimos pétalos del amor

abandonados

ya sin florecer

lejos de  la habitación donde en otro tiempo

hacían sus presagios 

las sibilas

cerrados los postigos de la edad fértil

lejos de la polvareda de las voces

ya balbucientes

y entre las tinieblas de una luz

ya apagada

de una claridad sin prodigio

y una respiración 

sin alas

soy sólo un extraño

que adivina en una figura dibujada

en la arena

lo que queda de tu rostro.

 

De: Sin señal

 

Daniel Noya


jueves, 20 de agosto de 2026

Una y otra vez: Daniel Noya



UNA Y OTRA VEZ

 

Una y otra vez

el olor del rosal silvestre,

la huella muda de las hojas,

la inane verborrea del exterior.

De nuevo

el eco de una nueva temporada fértil,

la incertidumbre

tras el parpadeo azul de la lluvia,

la sutileza de las lunarias deslumbrando

en el anochecer.

Una y otra vez el aterciopelado espacio

que es a veces mi refugio,

la confusión,

la anomalía,

la baldía coloración de un poema indescifrable.

De nuevo la hendidura que deja la tristeza en el corazón.

Otra vez el páramo.

Otra vez la pesadilla, el hechizo de las palabras de barro,

la demora de tus ojos en la nieve,

el cielo prisionero en la luz del horizonte,

las flores secas,

el tenue vacío que nos desnuda,

el asombro sin voz que hace desgarrar el velo

de nuestra mortalidad.

De nuevo

el lecho de un río en la memoria de mis ojos,

la impaciencia del hielo al derretirse,

las migajas de felicidad que nos tomamos

al pie de la letra.

Otra vez el desgarro,

la caída,

el claroscuro,

el ocaso,

el estremecimiento.

Otra vez el aura de las palabras que no aparecen

en los diccionarios.

Otra vez el hechizo fugaz, el áspero balbuceo,

las desapariciones,

el árbol al final de la niebla,

el crepúsculo,

el callejón sin salida,

la etérea oscuridad,

el rito de las palabras encendiéndose

y apagándose 

en una vida sin sentido.

 

De: Sin señal

 

Daniel Noya




 

lunes, 13 de julio de 2026

Los sauces: María Victoria Atencia




LOS SAUCES

No me tienes que dar por que te quiera,

que así me vienes, sien contra sien, memoria

anegada no de las cosas, sino de sus nombres,

curso vivo, raudal desde tu manantío

ribera arriba, entre los verdes sauces.

Voy a mudarme el corazón de sitio. Regresaré al silencio

y en estado de gracia me quedaré a tu orilla

por si puedo sentirte en las frases del agua.

 

De: De pérdidas y adioses

 

María Victoria Atencia


sábado, 4 de abril de 2026

Punto de fuga: Daniel Noya



 

PUNTO DE FUGA

 

A pesar de tu ausencia 

se escucha

el gorjear de una sombra vacilante,

el despertar vibrante de un lejano firmamento.


Desde una llanura sin árboles veo con la imaginación

la llamarada 

ya apagada 

de un ardor gozoso,

un mar en erupción,

una esperanza mudando de piel,

el roce de la muerte del amor en paseos solitarios.


En mi orfandad respiro hasta la extenuación

la tibia melodía de este amanecer.


En mi orfandad siento

el frío de la soledad cayéndoseme del cuerpo a pedazos,

el corazón a punto de estallar,

el corazón que ya sabe 

que sólo puede albergar unos últimos latidos.


A pesar de tu ausencia reconozco 

poco a poco

en el recuerdo de tus ojos 

el poso que deja el tiempo en las piedras desgastadas.


De: Sin señal


Daniel Noya