UNA Y OTRA VEZ
Una y otra vez
el olor del rosal silvestre,
la huella muda de las hojas,
la inane verborrea del exterior.
De nuevo
el eco de una nueva temporada fértil,
la incertidumbre
tras el parpadeo azul de la lluvia,
la sutileza de las lunarias deslumbrando
en el anochecer.
Una y otra vez el aterciopelado espacio
que es a veces mi refugio,
la confusión,
la anomalía,
la baldía coloración de un poema indescifrable.
De nuevo la hendidura que deja la tristeza en el
corazón.
Otra vez el páramo.
Otra vez la pesadilla, el hechizo de las
palabras de barro,
la demora de tus ojos en la nieve,
el cielo prisionero en la luz del horizonte,
las flores secas,
el tenue vacío que nos desnuda,
el asombro sin voz que hace desgarrar el velo
de nuestra mortalidad.
De nuevo
el lecho de un río en la memoria de mis ojos,
la impaciencia del hielo al derretirse,
las migajas de felicidad que nos tomamos
al pie de la letra.
Otra vez el desgarro,
la caída,
el claroscuro,
el ocaso,
el estremecimiento.
Otra vez el aura de las palabras que no aparecen
en los diccionarios.
Otra vez el hechizo fugaz, el áspero balbuceo,
las desapariciones,
el árbol al final de la niebla,
el crepúsculo,
el callejón sin salida,
la etérea oscuridad,
el rito de las palabras encendiéndose
y apagándose
en una vida sin sentido.
De: Sin señal
Daniel Noya
