“La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.”

(ALDO PELLEGRINI)

jueves, 15 de diciembre de 2016

Recital poético-musical La Adrada 2016-17





                                 LAS MANOS

                            “las manos
                             me decían mis padres
                             antes de sentarme
                             a la mesa a comer

                             
                             lávate bien
                             las manos.

                             
                             No alcanzaban
                             a comprender
                             que los niños
                             las tenemos siempre
                             limpias”


                                                                  David González

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Cansancio: Oliverio Girondo














Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.


(Oliverio Girondo)

martes, 13 de diciembre de 2016

Olga Orozco (2)



















Esa es tu pena...

Esa es tu pena.
Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras
y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.
Colócala a la altura de tus ojos
y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,
o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,
o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los  ángeles.
Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.
Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,
un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo.
Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama
y se retrae como ciertas flores si la roza cualquier sombra extranjera.
No la dejes caer ni la sometas al hambre y al veneno;
sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.
Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.
No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,
aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.
No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre, no la gastes con nadie.
Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio:
sepúltala en tu pecho hasta el final, hasta la empuñadura.
                                                                        
                                                        Olga Orozco


lunes, 12 de diciembre de 2016

Olga Orozco (1)














Madre, tampoco yo te veo,
porque ahora te cubren las sombras congeladas del menor tiempo y la mayor distancia,
y yo no sé buscarte,
acaso porque no supe aprender a perderte.
Pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo,
vuelta estatua de arena,
puñado de cenizas para que tú me inscribas la señal,
los signos con que habremos de volver a entendernos.
Aquí estoy, con los pies enredados por las raíces de mi sangre en duelo,
sin poder avanzar.
Búscame entonces tú, en medio de este bosque alucinado
donde cada crujido es tu lamento,
donde cada aleteo es un reclamo de exilio que no entiendo,
donde cada cristal de nieve es un fragmento de tu eternidad,
y cada resplandor, la lámpara que enciendes para que no me pierda entre las galerías de este mundo.
Y todo se confunde.
Y tu vida y tu muerte se mezclan con las mías como las máscaras de las pesadillas.
Y no sé dónde estás.
En vano te invoco en nombre del amor, de la piedad o del perdón,
como quien acaricia un talismán,
una piedra que encierra esa gota de sangre coagulada capaz de revivir en el más imposible de los sueños.
Nada. Solamente una garra de atroces pesadumbres que descorre la tela de otros años
descubriendo una mesa donde partes el pan de cada día,
un cuarto donde alisas con manos de paciencia esos pliegues que graban en mi alma la fiebre y el terror.


Olga Orozco





domingo, 11 de diciembre de 2016

El destete: José Watanabe























                        

El destete   

Con qué paciencia
la madre envuelve su magro seno con lana de oveja
negra. Y el seno ya no es más
el sitio de la ternura.
Agotada la dulce leche, la madre hace el ancestral rito
                                          del destete:
el niño viene y encuentra
el animal de lana negra en el pecho amado
              donde sólo el viejo pezón nutricio
asoma todavía como una provocadora
                               trampa.
El niño huye escarmentado
y ahíto
                                de su primer gran miedo.
Su amor renacerá de ese miedo. Y ella
será la madre
                                que le temblará siempre en la boca.
                                      
                                  (José Watanabe)



jueves, 8 de diciembre de 2016

Recital poético-musical La Adrada 2016-17



                                         

                                           
Yo amaba a un hombre que solía estar callado.
Callaba en la oficina y en la mesa
en los viajes callaba
y en la cama.
                                                                             
Yo amaba a un hombre que jamás gritaba.
Lo respetaba como a un río cuando nace
como a la montaña que no muere.
Como a un árbol.

Yo amaba a un hombre
que tenía mi voz entre sus manos.



Carina Sedevich
en Escribió Dickinson (Alción Editora, 2014).



miércoles, 7 de diciembre de 2016

Ajeno: Claudio Rodríguez




Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.

      Claudio Rodríguez

martes, 6 de diciembre de 2016

Una cita y una canción

Alexander Averin
                       
                                      

“Saber que nos perdemos en el río

y que los rostros pasan como el agua”

                                           (Borges)







                                                    

lunes, 5 de diciembre de 2016

Poesía vertical: Roberto Juarroz

Carol Ann
























                 

El amor empieza cuando Dios termina
y cuando el hombre cae,
mientras las cosas, demasiado eternas,
comienzan a gastarse,
y los signos, las bocas y los signos,
se muerden mutuamente en cualquier
parte.

El amor empieza
cuando la luz se agrieta como un
muerto disfrazado
sobre la soledad irremediable.

Porque el amor es simplemente eso
la forma del comienzo
tercamente escondida
detrás de los finales
                                              
Roberto Juarroz



domingo, 4 de diciembre de 2016

Poema visual (A Clara)



POEMA VISUAL

(A Clara)                                                                                    

           

Mira,
grita Clara alborozada
señalando con su dedo en dirección al puente.

Y todas nuestras miradas siguen el milagroso rastro
de su dedo
descubriendo la belleza silenciosa de la tierra.

Pero si son libélulas,
             dice el padre.

En efecto,
a la sombra de un gran árbol
una bandada de libélulas sobrevuela el puente.

Y añade el padre:
Qué lección más importante hemos aprendido hoy,
Clara.

Las libélulas se alimentan de insectos.

Sí,
es una lección muy importante,
     añadimos todos a coro como dejando sobre el paisaje la huella
de un eco embelesado.

La visión de las libélulas a través de los ojos de Clara ha abierto
 la caja de Pandora de mi infancia.

Es ahí,
en ese limpio grito donde está la chispa que incendiaba mis primeros versos.

La noche va cayendo mansamente sobre nuestros cuerpos
y empieza a notarse el frescor del cercano arroyo.

Al abandonar el lugar
la lección de las libélulas se ha quedado revoloteando como un insecto
           en mis ojos y en los ojos de Clara.

De Algo sucede en su mirada

Daniel Noya







sábado, 3 de diciembre de 2016

Vestíbulos: Juan Gelman






En el vestíbulo del corazón
se alza una casa vieja
que el padre cerraba a llave cada noche.
El patio con helechos
amados por la madre, el carbón
de polentas repetidas, su luz
contra la oscuridad de las ollas,
el cielo desplomado.
¿Quién romperá esa red?
¿Adónde se dirige?
¿Quién la tejió, qué hilitos
pusieron que atan todavía?
Su abismo más profundo es el más alto.
No romper sus mensajes con
cuchillos peores que la muerte.



                         El emperrado corazón amora
                                               (Juan Gelman)

jueves, 1 de diciembre de 2016

Recital poético-musical La Adrada 2016-17




















POÉTICA
 
No soy, como Celaya,
artesana del verso.
No busco plenitud en las palabras
ni la inmortalidad.

Soy egoísta y manipuladora.
Utilizo el lenguaje
cuando lo necesito,
cuando me falta el aire,
cuando noto que ha dejado de trotarme
la sangre por las venas.

Igual que los diabéticos
se inyectan insulina.

No es arte, ni altruismo.
No es conciencia social,
ni egolatría.

Es solo instinto de supervivencia.



Julia Conejo Alonso.  ¿Para qué sirve el frío?