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"para seguir el perfume de la mandarina"
(Mahmud Darwish)
Cedo mi palabra
al polvo,
al murmullo de las nubes que no descansan,
a un paisaje desdibujado
donde cierro los ojos.
Cedo mi palabra
a la tristeza, al frío del otoño,
a las tormentas fugaces de la belleza,
a la proximidad de tus caricias,
al estremecimiento.
Cedo mi palabra a la soledad,
a la esperanza, a la corriente de un río,
al aturdimiento.
Cedo mi palabra al silencio
y nombro el desencanto etéreo
y sombrío
de lo efímero.
Cedo mi palabra a la rima huérfana
de tu corazón,
al sabor de las naranjas,
al preludio de la primavera,
a lo imposible,
a lo profundo,
a los recuerdos de los últimos pétalos dulces del ayer
y a los caminos lejanos
que me llevaron de regreso a la infancia.
De: Sin señal
Daniel Noya
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