
Desde alguna diminuta esperanza
líbranos del mal,
del escalofrío,
de todas las quemaduras del odio,
de la luna que no brille desde tus ojos.
Líbranos
de todo lo que poco a poco se corrompe,
del zumbido atroz
de la pena,
de los amores enredados en la mentira.
Líbranos
de
aquellos que nunca perdonan,
de los bárbaros,
de los insensibles,
de los que te golpean en el corazón,
de la mugre de los poderosos.
Líbranos
de la soledad de la medianoche,
de la indiferencia,
de las distancias que nos separan.
Líbranos del dolor,
de la vejez huérfana de alguna luz
y no nos dejes caer en
el polvo inmisericorde
del olvido,
y no nos dejes caer
en la tristeza de los finales desgraciados
y líbranos del miedo
a la enfermedad
y a la muerte.
De: Sin señal
Daniel Noya
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