“La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.”

(ALDO PELLEGRINI)

lunes, 13 de noviembre de 2017

Un poema de Olga Novo





















Querida mamá: estoy aprendiendo a ladrar. 

une saison en enfer. repite conmigo Une-Saison-En-Enfer.
mis treinta generaciones analfabetas Yo estoy aprendiendo a ladrar.
marcar un nunca territorio con la epiglotis
como un can como una perra cualquiera
emperrarme hasta volver en mí en can entonces pronuncio
Walt Walt
Walt Whitman mamá. 

estoy aprendiendo a ladrar.
me pongo de culo al sol me agarro a una azada e
intento imitar el canto del cuco del cuco de culo al sol entonces
mi garganta se exprime de dolor
y aúllan como nunca los futuros posibles que nos abomban las venas
como un cazo de leche vertiéndose en el fuego. 

los ojos de mi amor llevan dentro
el tintineo de los cencerros unocontraotro unocontraotro
de la novena sinfonía de Gustav Mahler
mamá. 

y yo te miro a los ojos a los ojitos estás tan cansada
pero yo no y aquí
es el momento de la furia can
escucho con atención la campana de cris
tal de tus sueños incumplidos
como una escultura delicada de Brancusi
de Cons tan tín Brancusi. 

una vez y otra vez el corazón tan grande
como una seta enorme el otoño eres tú auh auh auh loba
aquí me tienes bailando gritando saltando
una maestra gutural un volcancito gutural
como Virginia Woolf como Virginia Woolf como Virginia Woolf. 

te miro las manos podría lamerte las cicatrices de las manos
hasta que dieran luz
y curarte las hernias discales con un solo verso alejandrino
con una sílaba de centeno crudo con un oh-là-là y después después
contar una por una tus canas enraizadas en las edades del mundo
tu lengua plantígrada mamá
podría incluso reestructurarte la osamenta
con el implante de una canción anarquista. 

a veces siento el dolor sedimentándose
lámina
por
lámina
como la pizarra:
es un esguince emocional clavado en la nuca
y para ladrar así a veces es preciso llorar yodo
sajarme las rodillas con una guadaña hasta ver el sol tan cerca
a tres centímetros del iris
mamá
yo tenía que mamar de tu médula
asombrar al mundo cuando te baja la compasión a las caries
y a los pechos
caídos
de cansancio. 

para poder ladrar yo tendría que roer durante años
tu alergia al polen a los vilanos de los chopos
tu anemia circulando en sentido inverso por la sangre
tendría que ir contigo a enterrar a tu hermano de veintisiete años y
apretar la mandíbula para no partirme la lengua
con su tuberculosis mamaíta.

sé muy bien que para poder ladrar
tendría que ir contigo a mi infancia
y verme a punto de morir deshidratada
y rogarle a la virgen en la que no crees
que me devolviese a la vida de tres meses y medio
y soldarme en tu regazo para siempre
como una pieza de hierro de tu vientre. 

no pienses que no sé que para poder ladrar
tendría que ir contigo a las últimas horas
de la abuela Carmen agarrada a las cuatro puntas de su pañuelo
y a tu bazo.

yo sé muy bien sé todo
que para aprender este ladrido
al fin hicieron falta
mil mujeres lavando sin cesar en el río de Saá
y mil arando y dos mil cosiendo y cinco mil
recogiendo leños y raíces en mitad del monte y Tú
sobre todo tú plantando pinos en una sierra inmensa
desaprendiendo cuanto eres
agujereando tus dudas. 

Querida mamá: estoy aprendiendo a ladrar. 

alguien me ve abriéndome la mandíbula hasta hendirla y digo ya
ya ladro ouh como el perro no no
como Camille Claudel como Camille Claudel como Camille Claudel
como Camille mamá en el mármol
como Camille
como Walt Whitman Walter Benjamin voy mamá
voy hacia ti
voy yo voy
alta
alta
auh...

Olga Novo





domingo, 12 de noviembre de 2017

3 poemas de Jorge Boccanera






Besos

la vida no es
la cara ni el llanto de la cara
ni la mano ni el golpe de la mano en la cara
ni el viaje de la mano ni la estéril huida de la
cara
es el hilo de sangre que sale de tu boca


 

No unté mis ojos
con el paisaje de los tuyos,
ni desordené el día para que aparecieras,
ni he juntado tus ruidos con mi boca
para que no doliesen las preguntas,
ni siquiera
me llamo como dices, pero
puedes quedarte,
hay un poco de sopa, algo de vino,
afuera está lloviendo en otro idioma.





Silvia Plath lava una taza, seca una taza, rompe una taza

Qué cabeza la mía,
dejé una frase suelta y una rosa en el horno.
Cotidianos trajines, calores, taquicardia,
y un almohadón de plumas
con un lápiz labial justo en el centro.

Qué cabeza la mía.
Yo buscaba algún parque y encontré en un mal sueño
una torta partida por un rayo.
La sala está revuelta.
El miedo de un venado no cabe en este horno,
por eso huele así toda la casa.

Pero a quién se le ocurre
dibujar una piedra y tropezar dos veces,
llenar un cenicero con los puntos y comas
de alguna carta antigua.
¿Hubo un Adán violento? ¿Hubo un amor-halcón
"de una vez para siempre"?

Qué cabeza la mía,
guardar los zapatones en un charco
y aceptar ese baile sabiendo que me espera
una puerta cerrada tras la puerta.


Jorge Boccanera

sábado, 11 de noviembre de 2017

Quizás por ser corazón en la nieve: Daniel Noya




















Quizás por ser corazón en la nieve

                                   o alondra muda,

                        acaso por ser ausencia del sol

                                   o llanto arrebatado,

                                   tal vez esquirla

                                   o lejano ocaso

                                   o acaso musa amable.

                        Quizás por ser el halo de los álamos,

                        tal vez deshielo, quizás rastro,

                                    acaso horizonte,         

                        quizás desierto, tal vez rastrojo,

                                   acaso hogaza

                                   o ceniza o himen

                                   o huella recobrada.





                                   O tal vez

                        por ser poema de la noche.



                                                                         De: Cierra el portón

                                                                                      Daniel Noya


viernes, 10 de noviembre de 2017

Imágenes con palabras (16)





          (16)


Dulzor, así te llamo, pequeña belleza, blancor que ilumina todas mis sombras.

De: Luces de gálibo

Daniel Noya 


jueves, 9 de noviembre de 2017

Sobre Antonio Machado

Artículo:
   
AntonioMachado 






¡Alma, que en vano quisiste ser más joven cada día,
arranca tu flor, la humilde flor de la melancolía!


 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Confesiones de una máquina lectora: Wislawa Zymborska



 

 

 

 

 

 

 

 

Confesiones de una máquina lectora

Yo, Número Tres Más Cuatro Dividido Entre Siete,
soy famosa por mi amplio conocimiento lingüístico.
He logrado ya reconocer miles de lenguas,
que a lo largo de su historia
han utilizado personas ya muertas.


Todo lo que escribieron con sus signos,
a pesar de estar cubierto de estratos de catástrofes,
lo extraigo y reproduzco
en su forma original.


No son fanfarronadas:
leo incluso la lava
y hojeo las cenizas.


Explico en la pantalla
todas las cosas citadas,
cuándo fueron hechas,
y de qué, y para qué.


Y ya completamente por mi propio impulso
estudio algunas cartas
y corrijo en ellas
las faltas de ortografía.


Lo reconozco, ciertas palabras
me crean problemas.
Por ejemplo los estados llamados “sentimientos”
no consigo hasta ahora explicarlos de forma exacta.


Lo mismo con “el alma”, palabra-acertijo.
De momento concluyo que es un tipo de niebla,
en teoría más duradera que los organismos mortales.


Sin embargo, mi mayor problema es la palabra “soy”.
Tiene la apariencia de una acción común,
realizada de forma general, pero no colectiva,
en un antetiempo presente,
de aspecto imperfectivo,
si bien, como se sabe, ya hace mucho perfectivo.


¿Pero basta eso como definición?
Tengo en las conexiones rugidos y crujir de tornillos.
Mi botón para la Central humea en lugar de brillar.


Creo que pediré la ayuda fraternal
de mi colega Dos Quintos De Cero Dividido entre La Mitad.

Es cierto que es un loco conocido,
pero tiene buenas ideas.

Y hasta aquí
Wislawa Szymborska


martes, 7 de noviembre de 2017

Oídme: Chantal Maillard





















Oídme.                 Hablo
de cosas muy concretas.

Hace tiempo que me atrajo la eufonía
confortante de las palabras                  su
cadencia y el brillo
impertinente del espíritu - ¿espíritu?-
en la cuerda floja de la nada.
Fui de aquéllos.
Fortalecí el ansia de saber porque el yo
se refuerza sabiendo y
quería ser más.
Pero al fin sigue siendo nada
el yo bajo el decir.

Os hablo de cosas muy concretas.
Quien habla es los de menos.


La herida en la lengua

Chantal Maillard

lunes, 6 de noviembre de 2017

Cenizas: Alejandra Pizarnik



















 
CENIZAS

Hemos dicho palabras,
palabras para despertar muertos,
palabras para hacer un fuego,
palabras donde poder sentarnos
y sonreír.

Hemos creado el sermón
del pájaro y del mar,
el sermón del agua,
el sermón del amor.

Nos hemos arrodillado
y adorado frases extensas
como el suspiro de la estrella,
frases como olas,
frases como alas.

Hemos inventado nuevos nombres
para el vino y para la risa,
para las miradas y sus terribles
caminos.

Yo ahora estoy sola
– como la avara delirante
sobre su montaña de oro –
arrojando palabras hacia el cielo,
pero yo estoy sola
y no puedo decirle a mi amado
aquellas palabras por las que vivo.


Alejandra Pizarnik

domingo, 5 de noviembre de 2017

Canción Verlaine: Luis García Montero

















CANCIÓN VERLAINE 

Esta lluvia no tiene corazón,
noche donde caerse.

Se la ve caminar destituida,
como la solitaria sombra del extranjero,
con las ventanas de perfil, pisando
arena de su propia lejanía.

No tiene corazón donde caerse.
Sólo palabras ciegas
que disuelven los nombres y no sirven
para contar la inútil fundación de sus viajes.

La lluvia sin relatos no comprende
que viene del pasado. Yo la veo
caminar el silencio de la piedra,
deslizarse buscando
el eco de una luz almacenada
en un bar que esté abierto.

A nadie le pregunta. No se atreve.
Perdida en el enigma de sus pasos,
es verdad que parece un extranjero.
Ni amor ni hostilidad. Y sin embargo
esta lluvia que cae
tiene la sensación de haber estado
otras veces aquí,
de que conoce
horas inexistentes
ciudades que no tienen corazón,
noche donde caerse.

Luis García Montero
Las flores del frío

sábado, 4 de noviembre de 2017

En el vestíbulo


























 En el vestíbulo

aparece un pájaro.



Una sinfonía me tocaba el hombro

y era medianoche.

Me bebí todo mi sentimiento como si

fuese

una taza de café.



El pájaro abandona su prisión efímera

y deja un rastro de palabra.



Nada es real si no lo anotas inesperadamente.



En mi idioma la respiración crece

y la poesía

es la luz que queda encendida

para que aparezca la luna.



La sinfonía acaba en silencio

mientras por el vestíbulo que palidece

aparece otro pájaro.



Pero ya no tengo pupilas.







De: La doble rendija

(en preparación)

Daniel Noya

Imagen: Odilon Redon

viernes, 3 de noviembre de 2017

Imágenes con palabras (15)



























15

Renuevo mi piel: soy el despertar en la caricia, una nueva lengua que no se agota en el decir.


De: Luces de gálibo

Daniel Noya

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Ella y yo: Juan Vicente Piqueras






















ELLA Y YO

                             A Carola, claro.

Ella lee libros de yoga, de budismo, de numerología.
Yo leo poesía, teatro, ensayos, novela, todo
lo que cae en mis manos.

Ella es vegetariana.
Yo, omnívoro.

Ella es disciplinada, ascética, creyente.
Yo, escéptico y perezoso.

Ella está segura.
Yo, no.

Ella es presente de indicativo.
Yo, condicional en mis mejores días
y en los peores pretérito
pluscumperfecto de subjuntivo.

Ella es un hombre de acción.
Yo, una mujer confundida.

Ella quiere que yo cambie.
Yo, también.

Ella sabe lo que quiere y lo que necesita
y lo que quiero y necesito yo.
Yo sólo sé que no sé nada
pero no estoy muy seguro.

Ella es la luna de día.
Yo, un girasol en la  noche.

Ella y yo, contra viento y marea,
nos amamos.


Qué hago yo aquí

Juan Vicente Piqueras