“La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.”

(ALDO PELLEGRINI)

jueves, 5 de marzo de 2026

Lecciones del Kamasutra: Mahmud Darwish

 


LECCIONES DEL KAMASUTRA


Con la copa engastada de lapislázuli
la espero,
junto al estanque, el agua de colonia y la tarde
la espero,
con la paciencia del caballo preparado para los senderos de la montaña
la espero,
con la elegancia del príncipe refinado y bello
la espero,
con siete almohadas rellenas de nubes ligeras
la espero,
con el fuego del penetrante incienso femenino
la espero,
con el perfume masculino del sándalo en el lomo de los caballos
la espero.
No te impacientes. Si llega tarde
espérala
y si llega antes de tiempo
espérala,
y no asustes al pájaro posado en sus trenzas.
Espérala,
para que se sienta tranquila, como el jardín en plena floración.
Espérala
para que respire este aire extraño en su corazón.
Espérala
para que se suba la falda y aparezcan sus piernas nube a nube.
Espérala
y llévala a una ventana para que vea una luna bañada en leche.
Espérala
y ofrécele el agua antes que el vino, no
mires el par de perdices dormidas en su pecho.
Espérala
y roza suavemente su mano cuando
poses la copa en el mármol,
como si le quitaras el peso del rocío.
Espérala
y habla con ella como la flauta
con la temerosa cuerda del violín,
como si fuerais dos testigos de lo que os reserva el mañana.
Espérala
y pule su noche anillo a anillo.
Espérala
hasta que la noche te diga:
no quedáis más que vosotros dos en el mundo.
Entonces llévala con dulzura a tu muerte deseada
y espérala...

 

De: El lecho de una extraña

Mahmud Darwish

 


miércoles, 4 de marzo de 2026

Cedo mi palabra: Daniel Noya




"para seguir el perfume de la mandarina"

(Mahmud Darwish)


Cedo mi palabra

al polvo,

al murmullo de las nubes que no descansan,

a un paisaje desdibujado

donde cierro los ojos.


Cedo mi palabra

a la tristeza, al frío del otoño,

a las tormentas fugaces de la belleza,

a la proximidad de tus caricias, 

al estremecimiento.


Cedo mi palabra a la soledad,

a la esperanza, a la corriente de un río,

al aturdimiento.


Cedo mi palabra al silencio

y nombro el desencanto etéreo

y sombrío

de lo efímero.


Cedo mi palabra a la rima huérfana

de tu corazón,

al sabor de las naranjas,

al preludio de la primavera,

a lo imposible,

a lo profundo,

a los recuerdos de los últimos pétalos dulces del ayer

y a los caminos lejanos

que me llevaron de regreso a la infancia.


De: Sin señal

Daniel Noya