(11)
Hay que cerrar los ojos de los muertos
porque vieron ya la muerte y nuestros ojos
no resisten esa visión.
Al contemplarnos
en esos ojos que nos miran sin vernos
brota en el fondo nuestra propia
muerte.
De: Miro la tierra
José Emilio Pacheco
“que viven de un segundo de amor entre el reloj de nieve y el mar sin rostro... (Jacinto Santos)
“La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.”
(ALDO PELLEGRINI)
(11)
Hay que cerrar los ojos de los muertos
porque vieron ya la muerte y nuestros ojos
no resisten esa visión.
Al contemplarnos
en esos ojos que nos miran sin vernos
brota en el fondo nuestra propia
muerte.
De: Miro la tierra
José Emilio Pacheco
SÓPLAME ESTE OJO
Así que estaban tomándose un café
y conversando solamente
sóplame este ojo
y ahora sóplame este otro
para que se me vuelen los dos
y no te vuelva a ver.
De: Mal de amor
Óscar Hahn
Otra definición de poesía
La palabra cántaro asomándose poco a poco
a la boca
y, en el sueño, un huérfano candil sin luz.
Más allá,
cerca de su primera infancia,
el olor de los brezos y la sed que apaga en la fuente
y le limpia los ojos.
Siempre se sentía extranjero
pero al final de la vereda siempre encontraba el valle.
Siempre recorría los mismos bancales
y atravesaba los mismos huertos.
Y siempre en soledad se sentaba en la misma piedra
y respiraba el oleaje de unos versos
con un libro abierto al calor de la tarde.
Al regresar el olor de los musgos y de los pájaros,
el color verde oscuro de las ramas de los robles
se le han prendido en el cuerpo y ya tiene en las vértebras
el esbozo de un poema.
Cuando se pone a escribir bebe poco a poco agua del cántaro
y enciende el apagado candil.
De: Cien fuegos
Daniel Noya
BALADA DE LA NOSTALGIA INSEPARABLE
Siempre esta nostalgia, esta inseparable
nostalgia que todo lo aleja y lo cambia.
Dímelo, tú, árbol.
Te miro. Me miras. Y ya no eres el mismo.
Ni es el mismo viento quien te está azotando.
Dímelo, tú, agua.
Te bebo. Me bebes. Y no eres la misma.
Ni es la misma tierra la de tu garganta.
Dímelo, tú, tierra.
Te tengo. Me tienes. Y no eres la misma.
Ni es el mismo sueño de amor quien te llena.
Dímelo, tú, sueño.
Te tomo. Me tomas. Y no eres ya el mismo.
Ni es la misma estrella quien te está durmiendo.
Dímelo, tú, estrella.
Te llamo. Me llamas. Y no eres la misma.
Ni es la misma noche clara quien te quema.
Dímelo, tú, noche.
De: Poemas del destierro y de la espera
Rafael Alberti